Cursos de Cuerda y Piano 2018

¿Cómo empezó todo?

 

F.M. Alexander

         Frederick Matthias Alexander (1869-1955) fue un actor australiano. Solía dar recitales en solitario de textos de Shakespeare. Comenzó a fallarle la voz y a tener problemas respiratorios cuando estaba en el mejor momento de su carrera, pero los médicos no pudieron encontrarle patología alguna y lo único que podían hacer era recomendarle que descansara la voz, con lo cual el problema desaparecería; pero volvía a producirse durante las representaciones teatrales. Empezó a pensar que él mismo podía estar causando la ronquera haciendo al recitar algo de lo que no era consciente, y se dispuso a investigarlo. Para ello se colocó alrededor varios espejos con el fin de observarse. Descubrió que cuando iba a empezar a declamar llevaba la cabeza hacia atrás y tensaba el cuello, deprimía la laringe y tomaba aire por la boca produciendo un sonido audible. Después se dio cuenta de que lo hacía también cuando iba a hablar en un tono normal, aunque en menor medida. Ante la idea de empezar a decir texto (estímulo) se producía una respuesta automática y repetitiva (hábito).

 

A lo largo de su investigación sacó varias conclusiones, entre ellas la de que tenemos opciones en cuanto a “nuestra manera de hacer”. Llamó uso a lo que elegimos hacer con nosotros mismos. Por otro lado, lo que hagamos con nosotros mismos condiciona nuestra calidad de vida ya que afecta al funcionamiento de nuestro organismo. Su voz mejoraba cuando dejaba de tensar el cuello, por ejemplo. Observó que al deprimir la laringe, tendía a levantar el pecho, perder anchura en la espalda y reducir su estatura. El funcionamiento de su aparato fonador estaba determinado no sólo por la tensión de su cuello, sino también por lo que ocurría en todo su cuerpo; si perdía longitud, su voz empeoraba. Por lo tanto, eliminar un problema puntual, como una afonía o cualquier otro, requiere, desde el punto de vista de la Técnica Alexander, tratar al organismo como un todo.

 

Además, encontró que la relación dinámica entre cabeza, cuello y torso resulta ser esencial para tener la longitud deseada y en general para la calidad del movimiento.

 

Descubrió gracias a los espejos que no podía fiarse de su percepción sensorial, es decir, tuvo que dejar de usar como guía fiable lo que creía estar haciendo. La solución fue dar prioridad a la calidad de la acción frente al objetivo que perseguía (declamar, en este caso). En todo momento durante la acción insistió en no permitir la respuesta habitual al estímulo (inhibición) y decidió conscientemente no tensar el cuello y aumentar su estatura, pero lo hizo usando su mente (dirección) en vez de hacerlo directamente, a la vez que evitaba pensar en el objetivo y centraba su atención en la calidad de la acción. En otras palabras, no se quiere conseguir una “buena postura” a cualquier precio. La Técnica Alexander es un método de aprendizaje indirecto: cuando dejamos de hacer lo que nos perjudica, mejora la postura, la calidad del movimiento y el funcionamiento general, pero hemos de aprender a dar prioridad al proceso que conduce al objetivo en vez de centrarnos en el objetivo en sí. Sólo dando prioridad a los medios sobre los fines podemos evitar que el hábito domine la acción.

No sólo desaparecieron sus problemas, sino que su fama como actor creció. Su impresionante voz y su elegancia en el escenario hicieron que otros actores acudieran a él para tomar clases, pero con el tiempo fue el público en general quien más requirió sus lecciones debido a problemas de salud, muchas veces referidos por la profesión médica. Animado por un famoso cirujano de la época se trasladó a Londres, donde adquirió renombre rápidamente. Entre sus alumnos y partidarios se encontraban personalidades como George Bernard Shaw, Aldous Huxley y el filósofo de la educación Jonh Dewey, quien creía que introducir la Técnica Alexander en los planes de estudio desde edades muy tempranas significaría un gran avance educativo. También el prestigioso filósofo Charles Sherrington y Nikolaas Tinbergen, premio Nobel de Fisiología y Medicina en 1973.

Colegio Cedes y Asociación Cultural Camerata Cervantes  |  cameratacervantes@yahoo.es
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